sábado, 17 de enero de 2009
Palabras que calman
Escribir me calma. Las palabras sosiegan mi alma. Cada vez que recurro a ellas encuentro paz. Producen en mí el mismo efecto que una canción de cuna sobre un recién nacido: me siento mecida por ellas. "Qué increíble, cuánto más sufris mejor escribís", me dijo alguien hace años. No fue un halago. El era el responsable de mi dolor. El ya no está. El dolor tampoco. Las palabras, sí.
Primer salto
Un año y un mes después regreso al blog.
Salté.
Lo hice cianótica.
Sobreviví.
El vacío no era tan malo como creía
y la adrenalina aún me arropa con amor de madre.
Me cubre de algunos dolores obvios de la caída.
Una parte de mi alma encontró la paz que buscaba.
Salté.
Lo hice cianótica.
Sobreviví.
El vacío no era tan malo como creía
y la adrenalina aún me arropa con amor de madre.
Me cubre de algunos dolores obvios de la caída.
Una parte de mi alma encontró la paz que buscaba.
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